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Pasó lo que se esperaba

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Cuba perdió por goleada de 0-7 ante México en el partido debut de ambos conjuntos en la Copa Oro 2019. Sobre la cancha del mítico estadio Rose Bowl, en Pasadena, California, hubo una sola selección: la azteca.

Los poco más de 65 000 aficionados, en su generalidad mexicanos, vieron cómo los cubanos recibían la segunda mayor goleada en su historia. Solo el 0-8 propinado por Suecia a Cuba en cuartos de final en la Copa del Mundo Francia 1938 y similar marcador encajado ante la extinta Unión Soviética en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, superan este desfavorable resultado para la Mayor de las Antillas.

México era el claro favorito. Nadie podía vaticinar que los cubanos poseían opciones reales de triunfo. Cuba arribó al duelo con serias carencias goleadoras (un gol en los últimos cuatro partidos amistosos) y endeble defensa. Mientras, sus rivales armaron un plantel con figuras estables al más alto nivel y jóvenes futbolistas con un futuro promisorio.

México nos pasó por encima. No hubo respuesta en ningún momento del partido. Lo alarmante es que el elenco no funcionó en lo colectivo y quedó a merced de lo que desearan hacer sus adversarios. El 0-7 no refleja un marcador conclusivo, porque México desperdició entre cinco y seis ocasiones claras de gol.

El primer remate a la portería azteca no se produjo hasta el minuto 66. Ninguno de los tres disparos cubanos en el juego fueron bajo los tres palos y solo tuvieron un 28 % de posesión del balón. Los mexicanos realizaron 400 pases más (675 por 275) y ejecutaron 30 disparos (15 dentro de la portería).

No hubo una disposición táctica eficiente. Que la dirección técnica dejara en el banco a los mediocampistas Daniel Luis Sáez y Roberney Caballero limitó en demasía la salida en ataque de los cubanos. El adelantamiento de Andy Baquero en la cancha no rindió los frutos esperados, pues al capitalino apenas le llegaron balones, por lo que estuvo muy aislado, al igual que el delantero Luis Paradela.

No seleccionar al equipo de varios jugadores con destacado rendimiento en el último Campeonato Nacional, y la no convocatoria por parte de la Federación Cubana de futbolistas contratados por su cuenta en ligas foráneas que reúnen las condiciones para representarnos en eventos internacionales, impidió una mejor actuación ante el principal elenco en condiciones de conquistar la Copa Oro.

Con este grupo de jugadores no podemos aspirar a un avance cualitativo de nuestro fútbol si la mayoría de ellos no incursionan en ligas extranjeras. El fútbol crece constantemente y el área de Norte, Centroamérica y el Caribe ha visto cómo los onces de Panamá, Nicaragua, Curazao y Canadá se han consolidado como rivales incómodos para los grandes conjuntos de la región de  la Concacaf (México, Estados Unidos, Costa Rica y Honduras).

Es tiempo de cambiar mentalidades en el fútbol cubano, así como de enfocar correctamente la política de contratación de jugadores, o seguiremos atascados, sin evolución y observando cómo países que antes vencíamos ahora nos ganan sin dificultad.

De momento, toca pasar la página y enfocarse en el choque de este miércoles contra Martinica, en el cual los de la pequeña isla caribeña salen de favoritos al triunfo. No obstante, este es el rival al que Cuba puede vencer y con el que puede jugar de forma equitativa.