Política

Japón y Corea del Sur discuten, pero separarse es difícil

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Seúl. A medida que las tensiones entre Tokio y Seúl han crecido en meses recientes, los surcoreanos han demostrado su molestia con sus billeteras. La cerveza japonesa no se consume. Los compradores están evitando Uniqlo. Una película animada infantil japonesa llamada “Butt Detective”, cuyo protagonista tiene predeciblemente una cabeza en forma de retaguardia, fracasó en los cines surcoreanos.

Japón aumentó aún más la brecha entre las dos potencias económicas asiáticas. Formalmente eliminó a Corea del Sur de la “lista blanca” de países a los que extiende un estatus preferencial de comercio.

Sin embargo, se va a necesitar más que nuevos reglamentos y boicots de consumidores para separar a los dos aliados estadounidenses, al menos en lo referente a negocios. Las dos naciones se han entrelazado profundamente durante décadas, con una relación comercial valorada actualmente en $85.000 millones al año. Japón en particular ostenta un poder considerable al ser el proveedor principal de componentes y materia prima esencial para la maquinaria económica de alta tecnología de Corea del Sur.

Hasta que eso cambie, y estamos hablando de un proceso que puede tomar muchos años, los dos países no tienen otra opción más que seguir trabajando juntos. Cualquier intento serio de romper los lazos comerciales “sería un desastre”, dijo Rory Green, economista especializado en Corea del Sur y China de la consultora londinense TS Lombard.

“Eso es algo que van a tener que hacer durante varios años, desacoplar poco a poco estas cadenas de distribución fuertemente entrelazadas”, agregó. “No es algo que pueda suceder sin dolor”.

En conflicto Esos lazos son relevantes mucho más allá de Asia. Los funcionarios estadounidenses necesitan que Japón y Corea del Sur estén en armonía mientras hacen frente a las ambiciones nucleares de Corea del Norte y a la influencia creciente de China en la región. La semana pasada, Corea del Sur declaró el abandono de un pacto de intercambio de inteligencia con Japón, a pesar de la insistencia del gobierno de Trump en que lo renovasen.

Muchos en Corea del Sur han tenido que empezar a aceptar lo mucho que dependen de Japón.

Ese proceso de entendimiento empezó a tomar forma el mes pasado, cuando Japón anunció restricciones más estrictas en la venta de tres químicos usados en la fabricación de chips de computadoras de gama alta y monitores digitales en Corea del Sur. Aunque los funcionarios japoneses no ofrecieron pruebas al respecto, afirmaron estar preocupados por la manera indebida en que los importadores habían manipulado los productos, los cuales pueden usarse para fines militares. Seúl interpretó la medida como un ataque, motivado por los desacuerdos sobre el legado histórico de la ocupación japonesa en la península de Corea antes y durante la Segunda Guerra Mundial.

Uno de esos químicos, conocido como resina fotorresistente, es fundamental para los productos de primera calidad creados por Samsung Electronics, la gigante surcoreana productora de chips y dispositivos, entre otros. Japón controla alrededor del 90% del suministro mundial. A las compañías se les notificó que el proceso para obtener el permiso de importación de ese químico podría tomar hasta tres meses, lo cual desató el pánico por su posible efecto en las cadenas de suministro mundiales.

Al final, a Tokio solo le tomó aproximadamente un mes aprobar los primeros permisos. Pero las implicaciones quedaron claras, según Yuichi Takayasu, profesor de Economía de la Universidad Daito Bunka de Japón.

Seúl “entendió que si se detuviesen las importaciones desde Japón, no serían capaces de fabricar semiconductores”, afirmó. “El simple hecho de pensar en ese talón de Aquiles es una amenaza muy grande para Corea del Sur“.

La eliminación de Corea del Sur de la lista blanca de Tokio también tiene como objetivo mandar un mensaje más que causar daño económico, afirma Takayasu. “Tiene un significado simbólico. Corea del Sur odia ser degradado”.

Impacto Este cambio cubre prácticamente todas las exportaciones japonesas a Corea del Sur que no sean alimentos, ropa y productos creados a partir de la madera.

Su enfoque está en una lista de más de mil bienes y tecnologías que pueden ser usados para producir armas de destrucción masiva. Eso incluye químicos que pueden ser usados para crear gas nervioso o enriquecer uranio, y una larga lista de productos esenciales para la industria tecnológica de Corea del Sur, desde herramientas mecánicas de precisión hasta fibra de carbón avanzada. Algunos de esos productos son difíciles, si no es que imposibles, de obtener en otros países.

El gobierno japonés ha hecho énfasis en que solo usará su autoridad para asegurar que las exportaciones terminen en las manos apropiadas y sean usadas para su propósito previsto. Para la mayoría de los compradores, el efecto estará “al nivel de un pequeño incremento en el papeleo”, dice Makoto Abe, investigador jefe de Japan External Trade Organization, un grupo de promoción comercial afiliado con el gobierno japonés.

Según Sanjeev Rana, un analista de tecnología coreana de la correduría CLSA de Hong Kong, las empresas surcoreanas están menos preocupadas actualmente que tras la primera ronda de restricciones en julio. Sin embargo, afirmó que cuando la lista blanca fue anunciada este mes, las compañías empezaron a acumular y almacenar suministros esenciales.

Algunos consumidores surcoreanos han respondido iniciando boicots y creando páginas web que sugieren alternativas locales a los productos japoneses, afirmando además que no tienen planes de detenerse.

“Personas de todas las edades están participando en el boicot y lo están disfrutando”, afirmó Seo Kyoung-duk, profesor de la Universidad Sungshin en Seúl y participante activo del boicot. “Creo que, en el futuro, este movimiento será recordado en los libros”.

A principios de mes, Corea del Sur respondió al anuncio de su exclusión de la lista blanca japonesa, afirmando que eliminaría a Japón de su propia lista blanca. Sin embargo, según Lee Cheol-woo, director de mercadeo y relaciones técnicas de AMS, una pequeña compañía de la ciudad surcoreana de Busan que exporta productos a Japón, la jugada solo reafirmó cuan desigual es la relación entre ambos países. Afirmó además que muchos de los productos que Japón importa desde Corea del Sur pueden conseguirse fácilmente en otro lugar y que su compañía está empezando a perder clientes.

Los clientes han empezado a preguntarle por qué los compradores japoneses “estarían dispuestos a importar desde Corea con todas estas nuevas restricciones”, afirmó Lee. “Los clientes japoneses pueden remplazar tus artículos con importaciones de Taiwán”.

Por el momento, ninguno de los dos países puede tolerar mucho sufrimiento económico. A nivel mundial, las exportaciones japonesas han caído en un enfriamiento de la demanda mundial desde diciembre. Las ventas en el extranjero de Corea del Sur han caído mucho más estrepitosamente debido a un mercado anémico de teléfonos celulares que ha dejado chips acumulados en los depósitos del país.

Las compañías surcoreanas temen quedar aisladas. Mientras que las compañías grandes tienen la experiencia y los recursos para sortear los obstáculos, las empresas más pequeñas pudiesen ni estar conscientes de cuáles productos están siendo perjudicados.

Datos del Ministerio de Economía de Japón muestran que entre 2007 y 2011, más del 96 por ciento de las “exportaciones ilegales” fueron el resultado de malentendidos o simples fallas en el cumplimiento de las regulaciones. Menos del cuatro por ciento fueron violaciones intencionales.